DIA 5
Hoy me he saltado la ronda de inspección.
miércoles, 15 de junio de 2011
DÍA 4
La he cagado, pero no estoy seguro.
He matado a Belén Esteban. Aunque en realidad no sé si era ella-ella o ella-mutante. ¿Le he hecho un favor a la humanidad? ¿He, al contrario, acabado con la única posibilidad de reproducción de la especie humana?
No ha sido culpa mía. Intentaré dejar constancia escrita de lo sucedido, paso por paso.
Armado de valor, he bajado a la calle, he buscado un cuartelillo de la Guardia Civil, lo he encontrado, he buscado la armería, la he encontrado, y he cogido una ametralladora y mucha munición.
He comenzado entonces lo que he bautizado como “ronda de inspección”: buscar personas o mutantes, lugares de abastecimiento de provisiones, posibles escondrijos en caso de ser perseguido por una turba de mutantes, y cosas así. En ello estaba cuando he visto, al otro extremo de la calle, una figura humana que avanzaba hacia mí en un baile desquiciado de aspavientos. A medida que se acercaba, iba distinguiendo cosas: era en apariencia hembra, lucía (es un decir) cabellera de color amarillo plátano viejo y tenía el rostro desencajado.
Asustado, apunté a la hembra con la metralleta y le grité un alto ahí que me salió algo ronco y como deformado, porque, no había caído en la cuenta, llevaba ya varios días sin hablar más que alguna frase suelta conmigo mismo. La cosa, humana o no, siguió avanzando. Movía la boca con espasmos y alcancé a oír algo que no supe distinguir si era lenguaje o gruñidos: “o i ia ato, aaaato”. Cuando la tuve a unos dos metros y no hizo ademán de frenar, apreté el gatillo. Nunca antes había disparado una metralleta. Una escopeta de feria en mi niñez fue lo más parecido. El arma se puso a escupir balas a lo loco, y la potencia o el retroceso o el miedo mismo me impedían controlarla y aquello parecía una manguera con el agua a la máxima presión y nadie que la sujete. Maté, desintregándole literalmente la cara, a la cosa, y de camino malherí farolas, papeleras, vehículos aparcados y todo lo que estuviera a un lado, a otro, arriba o abajo.
Sigo sin saber si la cosa era humana o era mutante. Sea como fuere, me alegro de no haber tenido que asegurar la supervivencia de la especie apareándome con eso.
De vuelta a casa he entrado en un concesionario de motos y me he llevado un scooter para facilitarme futuras rondas de inspección, que pienso realizar a diario a modo de autoimpuesta disciplina militar.
La he cagado, pero no estoy seguro.
He matado a Belén Esteban. Aunque en realidad no sé si era ella-ella o ella-mutante. ¿Le he hecho un favor a la humanidad? ¿He, al contrario, acabado con la única posibilidad de reproducción de la especie humana?
No ha sido culpa mía. Intentaré dejar constancia escrita de lo sucedido, paso por paso.
Armado de valor, he bajado a la calle, he buscado un cuartelillo de la Guardia Civil, lo he encontrado, he buscado la armería, la he encontrado, y he cogido una ametralladora y mucha munición.
He comenzado entonces lo que he bautizado como “ronda de inspección”: buscar personas o mutantes, lugares de abastecimiento de provisiones, posibles escondrijos en caso de ser perseguido por una turba de mutantes, y cosas así. En ello estaba cuando he visto, al otro extremo de la calle, una figura humana que avanzaba hacia mí en un baile desquiciado de aspavientos. A medida que se acercaba, iba distinguiendo cosas: era en apariencia hembra, lucía (es un decir) cabellera de color amarillo plátano viejo y tenía el rostro desencajado.
Asustado, apunté a la hembra con la metralleta y le grité un alto ahí que me salió algo ronco y como deformado, porque, no había caído en la cuenta, llevaba ya varios días sin hablar más que alguna frase suelta conmigo mismo. La cosa, humana o no, siguió avanzando. Movía la boca con espasmos y alcancé a oír algo que no supe distinguir si era lenguaje o gruñidos: “o i ia ato, aaaato”. Cuando la tuve a unos dos metros y no hizo ademán de frenar, apreté el gatillo. Nunca antes había disparado una metralleta. Una escopeta de feria en mi niñez fue lo más parecido. El arma se puso a escupir balas a lo loco, y la potencia o el retroceso o el miedo mismo me impedían controlarla y aquello parecía una manguera con el agua a la máxima presión y nadie que la sujete. Maté, desintregándole literalmente la cara, a la cosa, y de camino malherí farolas, papeleras, vehículos aparcados y todo lo que estuviera a un lado, a otro, arriba o abajo.
Sigo sin saber si la cosa era humana o era mutante. Sea como fuere, me alegro de no haber tenido que asegurar la supervivencia de la especie apareándome con eso.
De vuelta a casa he entrado en un concesionario de motos y me he llevado un scooter para facilitarme futuras rondas de inspección, que pienso realizar a diario a modo de autoimpuesta disciplina militar.
lunes, 28 de septiembre de 2009
Día 3. 12:10 h.
Día tres, sigo sin resultados en el avistamiento de otros seres vivos. Y lo peor: aún no he conseguido tomar café.
Sin embargo, he aprovechado el tiempo: he estado todo el tiempo practicando viejos juegos con la play. En total, entre zombies, mutantes, perros rabiosos y otras criaturas, habré matado a no menos de dos mil. Virtualmente, se entiende. También me ha quedado claro lo que necesito para sobrevivir en este nuevo mundo: una escopeta de cañones recortados, un par de pistolas automáticas, una metralleta (idealmente una detonadora SWAT de nueve milímetres, más ligera y manejable), unas granadas de mano, un bazooka y mucha munición. No sé si cabrá todo en la riñonera.
Nota para la micrograbadora: si quiero encontrar mutantes o supervivientes, tal vez sea conveniente salir un poco a la calle, o al menos asomarme a la ventana.
Sin embargo, he aprovechado el tiempo: he estado todo el tiempo practicando viejos juegos con la play. En total, entre zombies, mutantes, perros rabiosos y otras criaturas, habré matado a no menos de dos mil. Virtualmente, se entiende. También me ha quedado claro lo que necesito para sobrevivir en este nuevo mundo: una escopeta de cañones recortados, un par de pistolas automáticas, una metralleta (idealmente una detonadora SWAT de nueve milímetres, más ligera y manejable), unas granadas de mano, un bazooka y mucha munición. No sé si cabrá todo en la riñonera.
Nota para la micrograbadora: si quiero encontrar mutantes o supervivientes, tal vez sea conveniente salir un poco a la calle, o al menos asomarme a la ventana.
Día 1. 12:35 h.
Llevo un rato dando vueltas por la ciudad y aún no he visto ni mutantes ni supervivientes. En principio eso no quiere decir nada, porque hoy es sábado y ayer salió casi todo el mundo de fiesta. Ya se levantarán.
Necesito un café. Entro en un cafetería. Pasa media hora y no me atiende nadie. Entonces recuerdo que ha habido una guerra nuclear, quién me va a atender. Sigo dándole vueltas al asunto de los supervivientes que debo encontrarme. ¿Estará buena la tía buena? ¿Se colará por mí, como es debido? Recuerdo unas inquietantes palabras de Pablo: "Cuando no sabes quién es el pringao en una partida de póker, es que el pringao eres tú". La noche que las pronunció había batido el récord de pérdidas en los dos años que llevábamos reuniéndonos para jugar al póker. ¿Y si me tocara a mí el papel de pringao en esta historia? ¿Y si fuera yo el graciosete cobardón que nunca se enrrolla con nadie? Me consuelo pensando que ese personaje nunca muere, pero en fin, el héroe también sobrevive siempre y encima folla.
No puedo seguir pensando sin un café. Pasa otra media y siguen sin atenderme. Entonces recuerdo que ha habido una guerra nuclear. Temo haber entrado en un peligroso bucle espacio-temporal, sea lo que sea eso.
Necesito un café. Entro en un cafetería. Pasa media hora y no me atiende nadie. Entonces recuerdo que ha habido una guerra nuclear, quién me va a atender. Sigo dándole vueltas al asunto de los supervivientes que debo encontrarme. ¿Estará buena la tía buena? ¿Se colará por mí, como es debido? Recuerdo unas inquietantes palabras de Pablo: "Cuando no sabes quién es el pringao en una partida de póker, es que el pringao eres tú". La noche que las pronunció había batido el récord de pérdidas en los dos años que llevábamos reuniéndonos para jugar al póker. ¿Y si me tocara a mí el papel de pringao en esta historia? ¿Y si fuera yo el graciosete cobardón que nunca se enrrolla con nadie? Me consuelo pensando que ese personaje nunca muere, pero en fin, el héroe también sobrevive siempre y encima folla.
No puedo seguir pensando sin un café. Pasa otra media y siguen sin atenderme. Entonces recuerdo que ha habido una guerra nuclear. Temo haber entrado en un peligroso bucle espacio-temporal, sea lo que sea eso.
Día 1. 11:00 h.
He debido quedarme dormido y creo que ha habido una guerra nuclear, porque al bajar a la calle no he visto a nadie y el viento arrastraba hojas de periódicos, signos inequívocos ambos de que ha habido una guerra nuclear.
Sospecho que también habrá mutantes que pugnarán por comerse mi cerebro. Por otro lado, no deberían faltar otros supervivientes, probablemente un grupo heterogéneo y variopinto para que cualquier espectador de una eventual película sobre el tema tenga con quién sentirse identificado. Cuento para ello con que, antes o depués, encontraré un tía buena, un hombre mayor y sabio, un graciosete cobardón, una tía dura (tal vez lesbi) y un negro o, en su versión cañí, un gitano o un moro.
Sospecho que también habrá mutantes que pugnarán por comerse mi cerebro. Por otro lado, no deberían faltar otros supervivientes, probablemente un grupo heterogéneo y variopinto para que cualquier espectador de una eventual película sobre el tema tenga con quién sentirse identificado. Cuento para ello con que, antes o depués, encontraré un tía buena, un hombre mayor y sabio, un graciosete cobardón, una tía dura (tal vez lesbi) y un negro o, en su versión cañí, un gitano o un moro.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)